La tecnología ha cambiado esta situación y hoy en día muchas de las decisiones que afectan la reproducción del color son tomadas por el diseñador en el computador. Esto pone más poder y versatilidad en sus manos pero también acarrea una gran responsabilidad con el resultado final impreso. Infortunadamente pocos diseñadores o fotógrafos han tenido la oportunidad de conocer con profundidad el proceso de reproducción en las artes gráficas y este vacío los hace encontrarse, con frecuencia, en aprietos. Esta serie de artículos contiene herramientas para evitar tales aprietos.
El color es la interpretación de nuestra mente de los componentes de luz que estimulan nuestros ojos. Debemos, entonces, comenzar por entender la naturaleza de la luz. La luz forma parte de un fenómeno más amplio que se conoce con el nombre de ondas electromagnéticas. Estas ondas son emitidas por los electrones que rodean el núcleo de los átomos cuando comienzan a vibrar y cambian su estado
de energía. Las ondas electromagnéticas incluyen, además de la luz visible, los rayos X, tan útiles para la medicina, la radiación ultravioleta con la que nos bronceamos y la
infrarroja, así como las microondas con las que cocinamos y las ondas que utilizamos para transmisiones de radio
y televisión.
Estas ondas viajan a través del vacío y se mueven a la más
alta velocidad permitida por las leyes de la naturaleza, alrededor de 300.000 kilómetros por segundo. Lo único que distingue unas de otras es su frecuencia o la velocidad de sus vibraciones. Como todas viajan a la misma velocidad, otra manera de distinguirlas es midiendo la longitud de onda, es decir, la distancia entre dos ondas consecutivas.
Las ondas de radio tienen longitudes que van desde metros hasta kilómetros. La luz visible se encuentra ubicada entre las 300 y las 700 nm (millonésimas de milímetro). Reacciones nucleares, como las que ocurren en el interior del sol, o reacciones químicas, como las que se llevan a cabo cuando quemamos algo, liberan energía de muchas maneras incluyendo la emisión de ondas electromagnéticas y es así como el sol, las llamas, los bombillos y las lámparas generan la luz con la que percibimos el mundo que nos rodea.
La evolución nos ha dotado con unos extraordinarios ojos que tienen la capacidad de medir con gran precisión las ondas de luz. Todavía se desconocen los mecanismos exactos de la visión en el hombre. Sabemos, sin embargo, que el globo ocular actúa como una cámara enfocando los objetos y regulando la cantidad de luz recibida para que finalmente se proyecte una imagen sobre el tejido que recubre la parte posterior del ojo. Ese tejido, llamado retina, es una de las más exquisitas adaptaciones de la naturaleza. Su superficie está cubierta de diminutos sensores capaces de detectar las variaciones en la luz que reciben. Existen dos tipos de sensores diferentes en la superficie de la retina.
Los primeros, llamados bastoncillos, actúan en condiciones de pobre iluminación.
Cuando nos encontramos en un cuarto oscuro, percibimos como, poco a poco, entran en acción permitiéndonos discernir detalles con muy poca luz disponible. Estas células no son capaces de distinguir entre las distintas longitudes de onda de la luz y por lo tanto sólo nos permiten determinar las formas de los objetos y no su color. Las otras células que recubren la superficie de la retina se llaman conos y son ellas, en condiciones normales de iluminación, las que nos permiten distinguir colores. La retina contiene tres diferentes variedades de conos, cada una sensible a diferentes frecuencias de luz visible. Recordemos que la luz visible abarca todas
las ondas electromagnéticas con frecuencia entre 400 y
700 nm. Al dividir este espectro en tres fragmentos encontramos que corresponden a los colores rojo, verde y azul (RGB por sus siglas en inglés).
Tenemos, entonces, células especializadas en nuestra retina capaces de percibir cada uno de estos tres componentes. Cuando encontramos iguales cantidades de cada uno de estos tres componentes, percibimos la gama de grises y, cuando son muy intensos, el blanco. El negro, por supuesto, corresponde a la ausencia de los tres. Todos los colores que podemos ver corresponden, entonces, a combinaciones de los componentes rojo, verde y azul de la luz. Los televisores y monitores de computador funcionan a partir de este principio. Todas las imágenes son construidas a partir de grupos de tres pequeñas fuentes de luz de color rojo, verde y azul.
Por esto resulta sorprendente que en impresión utilicemos tintas cian, magenta y amarilla en lugar de rojo, verde y azul. La explicación es, sin embargo, bastante sencilla. Los monitores, al igual que otras fuentes de luz, parten del negro (ausencia de luz) y construyen la imagen sumando rayos de luz. La mayoría de objetos del mundo cotidiano no generan luz propia y actúan simplemente como filtros que absorben algunos de los componentes de luz blanca que los rodea.
La superficie de un fresa, por ejemplo, al ser golpeada por luz blanca, que contiene componentes rojo, verde y azul, absorbe los componentes verde y azul reflejando tan sólo el componente rojo. Ésta es la razón por la cual nos sentimos más frescos cuando vestimos de blanco (el blanco refleja todas las frecuencias de luz) que cuando vestimos de negro (el negro absorbe todas las frecuencias generando una sensación de calor). Cuando imprimimos partimos de una hoja en blanco. La superficie de esta hoja refleja los componentes rojo, verde y azul de la luz blanca. Cuando queremos reproducir una imagen en ella, debemos usar pigmentos que absorban parte de esta luz para sólo dejar pasar frecuencias que corresponden al objeto original. Si utilizáramos tintas roja, verde y azul, la tarea de filtrar selectivamente la luz blanca se volvería imposible ya que cada uno de estos pigmentos absorbe los otros dos componentes de la luz. El pigmento verde, por ejemplo, absorbe simultáneamente los componentes rojos y azules dejando pasar tan solo el componente verde de la luz blanca.
Lo que necesitamos es pigmentos que absorban, cada uno, tan sólo un componente de la luz y reflejen los otros dos. De esta manera, combinando estos pigmentos, podríamos fácilmente controlar cuanto de cada uno de los tres componentes va a ser absorbido y, por lo tanto, qué color verá el observador final. Necesitamos un pigmento que absorba el rojo y refleje el verde y el azul, uno que absorba el verde y que refleje el rojo y el azul y uno que absorba el azul y refleje el rojo y el verde. Estos pigmentos existen y se llaman cian, magenta y amarillo.
El proceso de impresión de imágenes en color, basado en estos pigmentos, se conoce con el nombre de policromía.
En impresión usamos, entonces, tinta cian para absorber el componente rojo de la luz, magenta para el verde y amarilla para el azul. A partir de esta descripción, resulta fácil comprender lo crítica que es la fuente de luz con la que se está examinando un impreso. Si la fuente de luz no contiene iguales cantidades de rojo, verde y azul, veremos colores distintos. Por esto existe, en artes gráficas, una iluminación estandarizada que sirve como base para cualquier evaluación. De igual manera es fácil ver como el color del papel va a tener importantísima influencia en los colores finales. Luego de que la luz pasa a tráves de la capa de tinta, es reflejada por la superficie del papel y si el papel tiene algún color, la luz será absorbida en parte por el papel, desbalanceando el efecto logrado por las tintas. Cuanto más blanco sea el papel, mejor será la reproducción en color.
Podemos fácilmente obtener los colores rojo, verde y azul a partir de las tintas cian, magenta y amarilla. Como cada una de ellas absorbe uno de los tres componentes de la luz, sólo es necesario utilizar dos de ellas para así absorber dos componentes y dejar pasar el tercero.
Si comenzamos con una hoja blanca y luego imprimimos un parche de tinta magenta, que absorbe el componente verde de la luz, y uno de tinta amarilla, que absorbe el componente azul, nos queda el componente rojo que será reflejado a los ojos del observador.
De manera similar podemos mezclar las tintas magenta y amarilla para obtener el color rojo y cian y magenta para obtener azul.
Si mezclamos los tres pigmentos, deberíamos obtener el negro. La realidad es, sin embargo, un poco más compleja. Los pigmentos que utilizamos en impresión no son suficientemente puros. La tinta cian, que debería absorber toda la luz roja y reflejar el resto, realmente refleja un poquito de luz roja y absorbe algo de los otros dos componentes. Cuando mezclamos las tres tintas, en lugar de negro, obtenemos un marrón oscuro. Si los pigmentos fueran perfectos bastaría con mezclar iguales cantidades de cian, magenta y amarillo para obtener un gris neutral.
Sin embargo, encontramos que esta combinación genera colores rojizos y marrones.
La experiencia ha demostrado que la tinta cian es la que contiene más contaminantes magenta y amarillo y, por lo tanto, para obtener un tono neutral, debe reducirse la cantidad de magenta y amarillo. Para reproducir el equivalente a un negro al 50% típicamente, usaremos 50% cian, 39% magenta
y 39% amarillo. Hoy en día existen varias técnicas para ampliar el rango de colores que se pueden obtener en impresión con una mejoría en las tintas básicas así como agregando tintas adicionales. Mucho hemos experimentado con la hexacromía en la cual se agrega un verde y un naranja a las tintas convencionales de policromía.
Para lograr una buena reproducción de imágenes es importante contar con un negro oscuro. La imposibilidad de obtener este negro a partir del cian, magenta y amarillo es la razón por la cual debemos agregar tinta negra a nuestras separaciones en color. Cuando utilizamos la tinta negra sencillamente para enfatizar las sombras oscuras de la imagen, hablamos de un negro esquelético. Existen, sin embargo, otras opciones como las técnicas GCR y UCR en las que se utiliza una mayor cantidad de tinta negra para facilitar el manejo de la imagen durante el proceso de impresión (ver ITIC, UCR y GCR...).
El mundo del color en las artes gráficas es sutil y fascinante. Debemos siempre recordar que, a pesar de que algunas de las estructuras del ojo son similares a los componentes de una cámara fotográfica, existen profundas diferencias. La retina, en interacción con el cerebro, a diferencia de una película fotográfica, moldea su sensibilidad a las circunstancias del momento.
Si nos encontramos en un follaje intensamente verde y vemos allí un grillo verde, nuestra visión agudizará su percepción del color en esta gama para permitirnos observar detalles que una fotografía sencilla no capturaría. El arte del fotógrafo y del operario de escáner consiste, en buena medida, en aplicar su criterio visual a cada original, ajustando sus instrumentos para capturar, más allá de la realidad allí presente,
una aproximación de lo que nuestros ojos verían en circunstancias similares.
De la misma manera como un pintor, además de dominar los conceptos de la composición, el espacio y la forma, debe conocer con profundidad el manejo del óleo o del pastel o de la técnica con la que pintará su cuadro, un diseñador o un fotógrafo debe ser maestro de la técnica con la que se reproducirán sus trabajos.
Esta técnica es la impresión en cualquier tecnología y su herramienta es el computador. La experiencia es la mejor escuela y en Zetta encontrará siempre operarios con criterio, dispuestos a ayudarlo a resolver sus inquietudes con respecto al color.
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